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Mi tiempo en tu reloj

Aún no me creo que hoy sea el día en el que comparta con vosotros este libro que nació en la triste sonrisa de un niño a miles de kilómetros de aquí.

Fue a raíz de apadrinar a Pavan cuando empecé a conocer los proyectos humanitarios que la Fundación Vicente Ferrer realiza en la India. En ese momento, pensé que podía poner algo de mi parte. Algo que, por muy pequeño que fuese, seguro que hacía que alguna persona pudiese vivir mucho mejor.

Escribí un correo a la fundación y a los pocos días conocí a Rafael. Él fue la primera persona con la que comenté seriamente los detalles de esta colección de poesía y prosa poética que hoy os presento.

Mi tiempo en tu reloj es una colección de todo lo que he escrito en los últimos trece años. Y nace con el objetivo de construir un hogar en la India para una familia vulnerable. Si quieres conocer más detalle sobre la evolución del proyecto, puedes verlo en el siguiente enlace: Un hogar en la India

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Tengo que reconocer que el diseño de la portada me llevó más de un quebradero de cabeza, pero al final, considero que resume perfectamente la idea de tiempo tal y como la pienso: una especie de espiral que tiende a abrazar todo cuando fue, es y será.

Se podría decir, que toda mi obra se centra en el tiempo, el silencio y en esos recuerdos que pueden desencadenar una mirada, una caricia o un beso.
Hay mucho de luz, estrellas, lluvia y tormenta.
Una visión más melancólica de la realidad.

Me apoyo mucho en la música para escribir.
Mis primeros poemas ponían letra a la música de Ennio Morricone. Fue con Playin Love con la que escribí uno de los poemas a los que más cariño le tengo: Mi beso.
También me inspiran los viajes, esos pequeños paisajes que siempre se miran pero que solo cuando se presta atención se ven, los recuerdos, el silencio…

Y ese es el nombre del mejor poema que, a mi parecer, he escrito hasta ahora.

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Silencio es un poema que contiene eso: silencio. Y es tan especial para mí por lo que significa. Considero que es el mejor porque es único. Y quiero decir que es único para cada lector y porque este silencio crea un único poema para cada una de esas personas que lo lee. Un breve instante de incredulidad, un pequeño destello que pueda provocar un recuerdo, un pensamiento que atraviese fugaz su mente… Todo eso. Esa breve poesía improvisada que te inunda cuando lees silencio, es tuya y solo tuya. Y que un poema pueda provocar un momento poético tan distinto en cada uno de sus lectores, me parece una de las sensaciones más completas que se pueden tener. Por eso, este libro empieza en un silencio: en tu silencio.

Tengo miedo al olvido.
Siempre he tenido miedo a dejar de recordar.
Y es por eso que un tema recurrente que puedes encontrarte en mi obra es el concepto de olvido y la evocación de recuerdos.

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El café.
El café es algo que forma parte tanto de mi vida como de casi todo lo que escribo.
A veces, es gracias al café por lo que todo esto existe y por lo que tengo tiempo para compartir mi tiempo.

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Más allá de todo esto, también quería compartir algo que escribí tras leer la historia de Paván y de cómo sería ver la tormenta desde sus ojos de niño echando de menos a alguien a quien nunca conoció pero que siente cerca. Y como este libro nace por él, merece un pedacito de tiempo.

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Y por último, quería dejaros una colaboración muy especial para mí.
Ha sido mi hermano quien ha compuesto y grabado la base que se escucha junto a mis palabras. Y dado el poema que es, no se me ocurría mejor persona para colaborar en su edición y para poner música a un tiempo que hizo que todos nos olvidásemos de ella.
Este poema es una oda al recuerdo.
Un echar de menos.
Un extraño silencio por aquellas personas que, cuando se van, se llevan un pedacito de la música del mundo con ellas.

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Agradezco de corazón que hayas llegado hasta aquí y que hayas querido compartir conmigo este proyecto.

Si quieres colaborar y conseguir un ejemplar en papel, puedes encontrarlo en Amazon en el siguiente enlace:

Mi tiempo en tu reloj

O si lo prefieres, puedes comprármelo a mí directamente y te lo enviaría firmado.
(Actualmente solo hago envíos en territorio español)
Por otro lado, si lo que quieres es colaborar en el proyecto más allá de comprar el libro, te explico cómo podrías hacerlo en la página que he comentado al principio de la entrada: Un hogar en la India

Quiero terminar dando las gracias a todas las personas que me han apoyado en la elaboración de esta colección y que me han animado a avanzar en el proyecto a pesar de la situación que estamos viviendo.

Hoy, veo mucho más cerca el objetivo que me planteé a principios de año.
Gracias por estar ahí.

 

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Luz cegadora

Puede que pase el tiempo,
sientas que faltan mis palabras
y creas que el silencio ha sepultado todo cuanto fuimos.

La música seguirá dibujando
esa imagen que tenía de ti
aunque deje esta extraña sensación de vacío.

Créeme
no habrá luz que me ciegue
borrando todo de pronto
ni dejaré que el olvido
se llegue ningún recuerdo tuyo.

 

Dragón de piedra

Siempre hacíamos lo mismo: desayunábamos juntos, luego veíamos un rato la tele—uno al lado del otro—, después salíamos a pasear por el enorme jardín de aquellas instalaciones.

Aún siento en mis manos el tacto de aquella goma que cubría el acero de su silla de ruedas.

Ella siempre se sorprendía cuando nos acercábamos al diminuto rosal que había cerca de la fuente del dragón. Aunque, en realidad, era un pez enorme, pero ella siempre recordaba, entre risas, la disparatada historia que le conté hace meses en la que le conté que aquello era una especie de dragón muy rara que escupía agua en lugar de fuego. Un extraño dragón de pierda. Nuestro dragón de piedra.

Algunos días, sin que el personal nos viera, arrancábamos una rosa. Ella la elegía.
La agarraba entre sus manos y, sabiendo que se marchitaría si se la llevaba, me decía que lo hacía para recordar ese momento. Nuestro momento a los pies de ese dragón de piedra.

Avanzábamos por un sendero hasta llegar al borde de un enorme lago que casi se fundía a lo lejos con las montañas.
Yo me sentaba en uno de los bancos de mármol blanco.
Ella siempre quería quedarse a mi lado, viendo a lo lejos los nevados picos de las montañas, más allá del lago.

Era una imagen preciosa.
Ella siempre comentaba algo sobre la nieve.

Más tarde, cuando el sol casi rozaba el punto más alto del cielo, volvíamos deshaciendo el camino.

Dejábamos atrás las montañas nevadas, el lago casi infinito  y la fuente del dragón de piedra. Las rosas, al menos una de ellas, solían venirse con nosotros.

Después nos despedíamos en la puerta.
Un joven de bata blanca la recogía y la acompañaba al interior.
Ella me miraba. Nunca comprendía nuestras despedidas.
Siempre me sonreía antes de girarse. Y me preguntaba mi nombre.

Mi corazón se rompía en mil pedazos cada día cuando lo pronunciaba.
A veces, si no me escuchaba, se lo repetía.
Ella, sin saber que ya la conocía, me ofrecía el suyo.

Al día siguiente volvía.
Repetíamos la misma historia, desde el desayuno hasta la triste despedida que acababa en su nombre.

Flor de cerezo

Cada paso que te acerca a mí hace temblar sutilmente este suelo que nos mantiene flotando sobre una de las arterias de la ciudad.
Hace años que nos conocimos en este mismo lugar. Chocamos, nos miramos y me preguntaste mi nombre. Nevaba. ¿Lo recuerdas?
Algunos copos de nieve jugaban a entrelazarse en la lana de tu gorro rojo.
Otros se deslizaban por tu pelo.
Y algunos, preferían deshacerse en diminutas gotitas sobre tu nariz.
Recuerdo tu mirada cálida a través de la nieve.

Llegas tarde.
Siempre llegas tarde.
Y esta corta espera se me hace eterna.
Pero tu sonrisa hace que se detenga el tiempo.
Las manecillas del reloj retroceden, como si nos tuviesen miedo.
Me gusta que llegues tarde y que te disculpes dándome un abrazo que me encoge el pecho para alzar tu rostro después y mirarme lento.

Y me pierdo en ti, desaparece todo cuanto nos rodea: el ruido de los coches, la sensación de estar flotando en el vacío, este aroma único de la ciudad que se funde al olor de tu pelo…

Queda solo el tiempo y el espacio que nos separa.
(Cinco centímetros por segundo)
Dos segundos me separan de tus labios.
Dos segundos separan un beso.

 

Antología Superinfancia

Hola a todos.
Hoy quiero compartir con vosotros una bonita iniciativa que me he encontrado en Twitter y que creo que merece la pena compartir por el objetivo que tiene.

La Antología Superinfancia será una colección de relatos cuyos beneficios serán destinados en su totalidad a la Fundación Rana. Estos relatos serán elegidos por concurso.

Las bases son las siguientes:

Participación

Podrá participar cualquier persona mayor de 16 años residente en España y de cualquier nacionalidad. En caso de no tener cumplidos los 18 años, se deberá adjuntar a la Plica una autorización de aceptación de las bases firmada por tutor legal.

Cada persona podrá presentar tantos relatos como quiera, si bien solamente uno será elegido.

Beneficios y condiciones

Los beneficios de la antología irán destinados a Fundación RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados), una (y cito de su página web: fundacionrana.org/es);  fundación sin ánimo de lucro de ámbito balear, cuya función social es prevenir el maltrato y el abuso sexual infantil, a través de actividades de sensibilización, educación y trabajo en red.

El diseño, edición, maquetación y publicación la hará la autora Silvia M. Díaz.
El formato será autopublicación en Amazon.
Todos los beneficios de la obra que no se quede a plataforma (un 70%) , irán destinados a la organización. Ni la editora ni los autores se quedarán, en ningún caso, con el dinero obtenido.
En ningún caso los autores perderán el derecho de autor del relato, pero se comprometen a no retirarlo de la antología una vez publicada.

Premios y fallo

Habrá 10 relatos ganadores.; todos ellos recibirán el mismo premio: un lote de los dos libros de Silvia M. Díaz («Escribir» se escribe con eme de Musa —Niña Loba Ed., 2019— en físico y dedicado, y Respirar autopublicado en digital).

Además de un marcapáginas exclusivo de la antología, la antología en formato digital y una sorpresa que aún no se desvelará. El jurado estará formado por 3 personas. Una maestra de educación infantil; otra de educación especial y la misma autora.

El fallo se hará público en el Twitter de Silvia M. Díaz el sábado 27 de junio.

Relatos y envío

Deberán estar escritos en castellano, ser inéditos, y no estar premiados ni a la espera de fallo para otras convocatorias.

Se podrán presentar desde el miércoles 13 de mayo hasta el sábado 20 de junio hasta las 23:59h. Los relatos se enviarán a rulinaescritora@gmail.com con sistema de plica. Se presentará:

El documento del manuscrito. En este documento no puede aparecer el nombre del autor, solamente el seudónimo. El documento de plica en Word o equivalente, donde deberá aparecer:
Nombre del relato.
Género del relato.
Nombre del autor.
Seudónimo (si, en caso de ser elegido, desea que se refleje).
Fecha de nacimiento.
Autorización firmada por un tutor legal de aceptación de bases en caso de ser menor de edad .
Correo electrónico.
Cuenta de Twitter.

La temática del relato deberá girar entorno a la infancia. Se buscan relatos con niños como protagonistas y mensajes positivos o de superación. Debe estar incluido en alguno de estos géneros:

Ciencia ficción | Humor | Fantasía | Historia | Romántica (entendiéndose esta última en términos de familia, amistosos…).

Deberán tener entre 1500 y 3000 palabras. Se permite un margen (inferior y superior) de 300 palabras.

Se presentará en formato .doc o .docx, con fuente Times New Roman 12pt o similar e interlineado sencillo.

Aceptación de las bases

La participación en este certamen implica la aceptación y el cumplimiento de todas y cada una de sus bases, incluyendo la cesión de los derechos necesarios para la publicación a la autora Silvia M. Díaz.

 

Toda la información la podéis encontrar en el Tweet que la organizadora ha publicado en sus redes sociales:

 

¡Anímate y participa!

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Besar la lluvia

Siento que estallan en mis dedos
cada una de las caricias que rozan tu piel.

Dibujo formas imposibles sobre tu espalda
intentando no cruzar ninguna de las líneas invisibles con las que uno tus lunares.

Una luz ciega a las estrellas.
Un estruendo nos encoge el pecho.
El silencio, luego.
Un susurro entre risas…

Estas noches de tormenta
todos nuestros besos
ponen voz a la monótona música de la lluvia.

Una habitación con una vista

El eco de tus pasos recorre la habitación
sobre este suelo de madera que hace crujir el frío.

Pierdo la vista a través de la única ventana
que ilumina torpemente mis cuatro paredes blancas.

La imagen inmóvil de una puerta cerrada
de metal oxidado y pintura descamada
es lo único que contrasta en esa pared de ladrillo viejo.

Intuyo un jardín salvaje al otro lado
o quizá desierto
tierra seca
o asfalto quebradizo.

¿Llegará la primavera
a todo lo que llena el olvido?

Mar en calma

Hoy vuelve el eco de un recuerdo lejano que nos tuvo
a ti y a mí
lanzando piedras sobre un mar en calma.

Nos recuerdo
hablando sobre temas triviales
descalzos
caminando sobre una arena que alzaba el vuelo a lomos de una brisa ligera.
Tu pelo, parecía querer correr tras ella.

El agua fría rompía en diminutas olas sobre la orilla sin apenas deformarla
como si rompiese en vaporosa espuma
sutil caricia.

Recuerdo
un abrazo
el vértigo de vernos caer sobre el agua entre risas
una luz tenue que lo oscurecía todo
una pausa
y un beso.

Recuerdo el brillo sutil de tu mirada
una sonrisa de cuarto creciente en nuestras caras
el rojo de tus labios
y el azul del mar bajo estrellas fugaces.

Hoy vuelve el eco de un recuerdo lejano que nos tuvo
a ti y a mí
soñando despiertos a orillas de un mar en calma.

 

Un hogar en la India – Abril

Hoy escribo esta entrada para, de una forma u otra, dar las gracias a todas las personas que han aportado un poquito para hacer realidad este proyecto.
Estas palabras de agradecimiento van dirigidas a todas las personas que han comprado alguno de mis libros en los últimos meses, a todas aquellas que han realizado una donación al proyecto y a aquellas que han apoyado la iniciativa y se han interesado en todo momento por el avance de la misma. Gracias.

Ahora, quiero dar algunos datos para que veáis como avanza.
Si quieres leer más acerca el proyecto, puedes hacerlo en:

 Un hogar en la India

Los primeros meses están un poco difusos porque hice un balance global de todo el beneficio de mis libros que las distintas plataformas me ingresaron más alguna aportación personal. Los datos a partir del mes de abril sí recogen cada uno de los beneficios obtenidos por la venta de mi nuevo libro, Mi tiempo en tu reloj, más los obtenidos por la venta de cualquiera de mis otras obras.
Me alegra ver que, aunque aún no está disponible la versión física de mi último libro, la acogida del proyecto y el cariño que le estáis dando es enorme.

Así, el siguiente gráfico muestra los datos específicos de cada plataforma:Captura de pantalla 2020-05-01 a las 12.40.13

Todo lo que respecta al mes de abril se puede ver en la siguiente tabla:

Captura de pantalla 2020-05-01 a las 12.42.27

Y la evolución global del proyecto es la siguiente:

Captura de pantalla 2020-05-01 a las 12.45.42

 

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Una vez más, gracias.

 

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Buenas noches, luna

Dudo
si recuerdo o no
cómo llevar la cuenta de las noches.
Demasiadas, quizá,
sin sus buenas noches, luna.

Ya no recuerdo su forma
ni esa forma de dibujar su viaje perpetuo
entre las estrellas.

Miro al cielo.
Sé que está ahí
pero no la veo.

Buenas noches, luna.

Escapa el deseo contenido
en este susurro que añora el cielo.

Y dudo
justo antes de abrazar mi almohada
si es su voz la que vibra en mi cabeza
—la silenciosa voz de la luna—
o es tu voz
que decide bailar en mis recuerdos
en este preciso instante al borde del sueño.

Buenas noches,
luna.

 

Mi primer poema

A raíz de la organización del I Certamen Literario que se realiza en mi localidad natal, varias personas me han trasladado su inseguridad a la hora de escribir. Esto me ha llevado a pensar en qué fue lo que me llevó a escribir o qué es lo que me motiva y, sinceramente, no encuentro ese factor raíz que me lleva a hacerlo. Supongo que serán un cúmulo de cosas: crear, evadirme, liberarme, compartir… Puede que todo eso junto sea “el motivo” que me lleva a escribir.

Aunque no sepa qué me lleva a hacerlo (mucho menos voy a saber qué me hizo continuar), sí recuerdo el primer poema que escribí.

Recuerdo que estaba en cuarto de primaria.
Y no podría estar más agradecido de los maestros que tuve durante ese periodo educativo en el que consiguieron educarme y formarme con un sistema totalmente distinto, sin exámenes, donde primaba la pasión por aprender y compartir conocimientos y valores básicos.

Y así, un día, como ejercicio para fomentar la lectura y la escritura, mi maestro nos pidió que escribiésemos un poema para el día siguiente.

¡Un poema!
¿Qué es un poema?

Recuerdo pasar el resto de la tarde buscando poemas en mi libro de Lengua.
Recorrí el libro de principio a fin y descubrí lo que era un verso, una estrofa. Descubrí que existían las rimas: asonantes y consonantes. Aprendí las distintas formas de medir de una métrica que se adaptaba a su tiempo. Y descubrí la musicalidad oculta en las palabras.

Puede que aquel momento fuese mi despertar como escritor.

Y escribí.

Mi primer poema, con rima torpe y musicalidad improvisada, contaba la monótona historia de un saltamontes que saltaba en dirección a un río.
Recuerdo contar los saltos del insecto:


uno
dos
tres

Y de pronto, una rana aparece en la historia para comérselo

Ahí me dejé llevar un poco por el miedo, la angustia.
Y mágicamente, aquel saltamontes escapó de la boca de aquella rana para alejarse del río saltando:


uno
dos
tres

Y contando, terminé de escribirlo.
Me sentí extrañamente satisfecho. Me encantaba mi primer poema.
Recuerdo correr hacia mi madre para leérselo.
Luego se lo leí a mi padre.
Y guardé muy bien la libreta para asegurarme de que al día siguiente no me la dejaba olvidada en casa.

Cuando llegó el momento de la lectura, recuerdo estar muy nervioso.
También recuerdo que fuimos muy pocos los que escribimos algo.
Y lo leí.
Intenté hacer sus pausas al final de cada verso (como me habían dicho).
Intenté no perder la musicalidad leyendo. Lo intenté…
Pero recuerdo que me temblaba la voz.

Cuando terminé me sentí liberado pero la emoción se tornó un poco agridulce.
Ahí es cuando el recuerdo se nubla, porque el resto de la historia dejó de ser emocionante.
Recuerdo que algunos compañeros me decían que no tenía sentido.
¿Cómo un saltamontes que se come una rana puede escapar de la rana y seguir saltando como si nada? ¡Debería estar muerto!

Pues sí. Tenían toda la razón del mundo. Por pura lógica debería estar muerto.
Sin embargo, yo había entendido que la poesía era imaginación, sentimiento, imposibles, ritmo… Y yo necesitaba que mi saltamontes saliera y volviese a saltar. Por el ritmo, por los imposibles y porque era mi poema y yo hacía con mi poema lo que me daba la gana.

Y recuerdo que me enfadé.
Ahí entró en conflicto mi pedacito de cabeza creativo con el pedacito de cabeza lógico.
A esa edad no sabía gestionar críticas.
A esa edad no sabía poner en valor la imaginación frente al realismo.
A esa edad dejé de escribir.

Hoy no recuerdo qué hice con la libreta de cubierta roja donde escribí ese poema.

Más tarde, no recuerdo cuándo ni por qué, volví a escribir.
Escribía historias improvisadas.
Escribía poemas de rima forzada.
Escribía por escribir.

Y escribiendo, sigo intentado llegar a cualquier parte con palabras fijas.

Para mí, esa es la magia de la Literatura: llegar con una voz que no es la mía al alma de cualquier persona sin importar el lugar o el tiempo.

Aún así, a pesar de esa magia, sigo sin saber por qué escribo.