Sábanas desordenadas

Ella cantaba desnuda, mientras se paseaba por el dormitorio. Él la contemplaba, sentado en la cama, perdido en su cuerpo. Sus miradas se cruzaron, un instante, y prendió en llamas el deseo.

La agarró de los brazos, rompiendo la canción sobre el edredón. Sus labios componían notas de placer al besar su cuello y al acariciar sus pechos mientras sus manos subían por esos muslos que se aferraban a su cadera para no soltarlo.

Ella lo agarra del pelo y hunde su cabeza en su pecho mientras busca con su otra mano el placer de ambos. El sexo entre suspiros que se ahogan en cada beso, el éxtasis que culmina en el uno que forman entre los dos y los gemidos de un final que prolongan hasta caer rendidos…

El sexo que queda en el ambiente se disipa en la noche por la ventana, mientras ellos se abrazan sobre esas sábanas desordenadas.

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