Musa perdida

Te encuentro, al fin,
frente a un mar en calma
de olas suaves y murmullos lejanos.

Desnuda
y sentada sobre la arena,
abrazas tus rodillas
con la mirada perdida en la frontera
infinita
que separa mi realidad de la tuya.

Me llamas,
no por mi nombre, no.
Sino por ese único nombre
que solo tú sabes pronunciar.

Me pides que te abrace
para tumbarte sobre mí.

Me miras y sonríes,
traviesa,
dejando escapar un suspiro
tras un beso tuyo.

Acaricio tu piel
como si fuese mía
y derramo sobre ti toda la ternura
que guardaban mis manos.

Es bonito abrazarte,
desde atrás, y sentirte cerca
bajo el silencio
de un mar anaranjado
que intenta alcanzarnos para llevarnos con él.

 

 

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