Cuaderno en blanco

Si supieses
el sin fin de posibilidades
que me ofrece una página en blanco…

Anoche vi una luna creciente
a través del remate de una chimenea
y pensé que era humo.
Se escapó
y sonrió al cielo
y pensé que me sonreía.

No pude evitar pensar en ti.

Si supieses
la infinidad de garabatos
que se me pierden
en cualquier página en blanco…

He soñado contigo.
No ayer.
Ni siquiera en el último mes.
Pero he soñado contigo.
Y soñé que me follabas
y me dejabas con un sueño a medias,
con la miel en los labios
y el corazón desbocado.

Al despertar
no pude evitar pensar en ti.

Si supieses
dónde nos puede llevar
cualquier página en blanco…

Y cuento
desde un número cualquiera
que escribo sin ganas
y se confunde con cualquier otro.

¿Qué más da un uno que un siete?

Y así continúo
en este orden improvisado
en el que deshago tus medidas
y te quito la ropa con esa sutil
sensación que ofrece una prenda de seda.
¡Y todo,
empezando en un número!

Y, joder,
la de veces que pienso en ti.

¿Qué te inspiran esas palabras
que escribes
pero no quieren fijarse
a una página en blanco?

Yo las dejo marcadas,
tal cual nacen,
casi invisibles.
No las retinto.
Y las siento como ese beso
que me diste hace años
(tal cual nació, casi invisible)
y dejaste marcado en mis labios
y que aparece de nuevo,
sin avisar.

Si supieras lo que puedo hacer
sobre cualquier página
incluso con los ojos cerrados…

Si lo supieras,
serías mi cuaderno en blanco.

 

 

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