Confeti

No sabría describirte lo que sentía al pasear entre aquella inmensidad de flores cuyo nombres no conocía.
Me resuelta arrogante decir que, simplemente, olía a flores. Pero es así, en aquel lugar olía a flores.
Era maravilloso.

¿Sabes el dulce tacto que deja un pétalo cuando lo acaricias sin querer?
Es como un destello.
Como un beso improvisado en el cuello, o como una mirada que te encuentras, de repente, frente a tus ojos despistados. Y sonríes.

Y entre todas las flores del mundo (estoy seguro que allí estaban todas las flores del mundo) escuchaba el débil susurro de una canción que pronunciaba tu nombre.

Y lo sentí como un regalo.
Pero un regalo sincero.
Como uno de esos regalos de no cumpleaños o cualquiera de esos regalos que se dan porque sí.

Después de tu nombre, un estallido me deshizo por dentro.
¿Alguna vez has sentido estallar tu pecho en confeti?
Estoy seguro, que si pronuncio tu nombre, saldrá de mi boca escrito en un sin fin de papelitos de colores.

Y paseando, sigo escuchando ese susurro lejano que no alcanzo.
Y pasa el tiempo.
Y pasa el tiempo.
Y pasa mi tiempo y el tuyo en este mundo de flores de color que creaste para mí.

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