Tormenta

Siento que los recuerdos se vuelven contra mí;
desgastados y difusos
me asaltan y se agitan en mi pecho.
Destellos descontrolados
que me sobresaltan, te traen de vuelta
y dejan esa extraña sensación
que no alivia un suspiro.

La lluvia sobre tu pelo
formaba dulces y diminutas motitas
de luz
que me sumían en el desconcierto.

Es por eso que me negué a que caminásemos
bajo el mismo paraguas.
Y entre el sin fin de razones,
tengo que confesarte que,
en ese momento,
quería tus dos manos solo para mí.
También te confieso que buscaba semáforos en rojo
y calles desconocidas
porque sabía que te dejarías llevar.

Caminamos de la mano
y dejamos que nos mojara la lluvia
bajo construcciones sin fin
y edificios que parecían flotar
varios metros sobre el suelo.

Te pedí que me cantases…

No puedo dejar de pedirte lo sé
Por última vez
quédate a dormir conmigo.

(Me encantan tus letras improvisadas)

Y me perdí en tus ojos
y en esos labios que contenían una risa
mientras nuestros cuerpos giraban
a través de esa puerta giratoria
de nuestros mundos de fantasía.

Y ese beso,
justo antes de dormir contigo
fue mucho más intenso
que un mundo lleno de flores
bajo esa tormenta permanente
que lleva tu nombre.

 

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