Un puñado de besos

Frente a tu espejo te giras y me abrazas por el cuello.
Mis ojos recorren tu espalda  desnuda y caen, con mis caricias, al lugar donde tu piel la cubren unos vaqueros. Los desabrocho despacio, mientras me comes la boca.

Con los ojos cerrados musitas un silencio y ahogas un gemido  cuando mis manos se pierden entre tus piernas.
Y me apartas, abriendo los ojos.
Y me miras, derritiendo todo cuanto soy con esa sutil llama que inunda tus pupilas.
Y ardiendo, me empujas sobre tu cama desordenada.
Recorres mi piel con tus labios.
Te derramas sobre mí.

Y se me acaba el recuerdo en ese puñado de besos que arrojé sobre ti. Así, tirados como si fueran cofeti, sin importar dónde cayeran siempre y cuando fuese sobre tu piel.

Es tan efímero el placer y tan perpetuo el tiempo que no paso contigo…

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