Dragón de piedra

Buenos Relatos

ANTONIO JESÚS RAMÍREZ PEDROSA

Siempre hacíamos lo mismo: desayunábamos juntos, luego veíamos un rato la tele—uno al lado del otro—, después salíamos a pasear por el enorme jardín de aquellas instalaciones.

Aún siento en mis manos el tacto de aquella goma que cubría el acero de su silla de ruedas.

Ella siempre se sorprendía cuando nos acercábamos al diminuto rosal que había cerca de la fuente del dragón. Aunque, en realidad, era un pez enorme, pero ella siempre recordaba, entre risas, la disparatada historia que le conté hace meses en la que le conté que aquello era una especie de dragón muy raro que escupía agua en lugar de fuego.
Un extraño dragón de pierda.
Nuestro dragón de piedra.

Algunos días, sin que el personal nos viera, arrancábamos una rosa.
Ella la elegía.

La agarraba entre sus manos y, sabiendo que se marchitaría si se la llevaba, me decía que…

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