Un hogar en la India – Julio

A pesar de las dificultades del último mes, del calor y demás imprevistos, la acogida del proyecto en mi entorno cercano ha sido increíble.

Hoy quiero dar las gracias a esos amigos de toda la vida que han aportado su granito de arena a esta iniciativa y que han hecho lo posible por hacer que Mi tiempo en tu reloj llegue lo más lejos posible.

Si aún no conoces los detalles del proyecto, te invito a visitar la siguiente página de mi blog para conocerlos:

Un hogar en la India

Como en otros meses, os dejo el balance concreto del mes de Julio para que veáis la evolución del proyecto:

En la siguiente gráfica, podréis ver la evolución mensual:

La recaudación actual es de 1003,47€
Esto supone haber alcanzado el 40,14% del objetivo.

Si quieres conseguir un ejemplar, puedes encontrarlo en varias plataformas digitales. Sin embargo, el formato físico solo está disponible en Amazon en el siguiente enlace (dominio español aunque también está disponible en el resto):

Si lo prefieres, también puedes pedírmelo personalmente y te lo enviaría firmado (actualmente solo hago envíos a España). Puedes escribirme a la siguiente dirección de correo:

uncuadernoenblanco@gmail.com

Por otro lado, todos aquellos que quieran hacer una donación directa al proyecto pueden hacerlo a través de PayPal:

Una vez más, daros las gracias de corazón por todo el cariño que estáis dando a este proyecto.

Un hogar en la India – Junio

Ya se cumplen tres meses desde que publiqué Mi tiempo en tu reloj para recaudar fondos con el objetivo de construir un hogar en la India bajo un proyecto humanitario de la Fundación Vicente Ferrer.

Como en entradas anteriores, os dejo en enlace a la descripción del proyecto para que echéis un vistazo si aún no conocéis toda la historia que hay detrás de este libro:

Un hogar en la India

Y ahora os muestro el balance de beneficios y la cantidad alcanzada al finalizar este último mes:

Y la evolución general del proyecto podéis verla en el siguiente gráfico:

El eje de la derecha tiene la información del Total acumulado mientras que el de la izquierda el correspondiente a los meses.

La recaudación actual es de 791,28€.
Esto supone haber alcanzado el 31,65% del objetivo.

Si quieres conseguir un ejemplar, puedes encontrarlo en varias plataformas digitales. Sin embargo, el formato físico solo está disponible en Amazon en el siguiente enlace (dominio español aunque también está disponible en el resto):

Si lo prefieres, también puedes pedírmelo personalmente y te lo enviaría firmado (actualmente solo hago envíos a España). Puedes escribirme a la siguiente dirección de correo:

uncuadernoenblanco@gmail.com

Por otro lado, todos aquellos que quieran hacer una donación directa al proyecto pueden hacerlo a través de PayPal:

Como siempre, agradezco muchísimo el apoyo que estáis dando al proyecto.

Música al pasado

Rasgo estas cuerdas
buscando cantar sobre los acordes del silencio.

No soporto el olvido que dejaron tus manos
sobre esta guitarra vieja.

Siento que me miras
cuando rompo a cantar
cualquier de las letras que nacieron en tus labios.

Te busco y no te encuentro.

Susurro aquella canción que me cantaste un día
pero mi voz no te llega.

No sabía que el llanto
pudiese enmudecerme tanto.

Café al pasado

Esta monótona melodía revive el eco de tus risas mientras migabas tus galletas en el café frío.

Nunca supe valorar tanto un café hasta años después de haberte perdido.

Hoy, a pesar de que el olvido amenaza con llevarte para siempre, aún despierta tu recuerdo en el aroma del café solo, en los tintineos de unas tazas que llevaron tu nombre y en el sabor de estas galletas que solíamos compartir cada tarde.

Enmudece la música y tu recuerdo suelta mi mano.

Ya no escucho tu risa. Tampoco puedo recordar tu voz. Y el café se ha quedado frío.

Vuelvo a escuchar la misma melodía de antes. Monótona y triste, no te trae de vuelta.

El café se seca en los bordes de esta taza blanca y se consume sobre sí mismo.

El café de media tarde no es lo mismo si no es contigo.

La voz del mar

No sabría decir cuánto tiempo llevo embarcado en este viaje sin fin que me lleva a visitar ciudades por todo el mundo.

Los parecen contar de forma distinta cuando se vive sobre el mar.
Los colores, también parecen transformarse y tomar cierto matiz azulado y gris.

La lluvia es muy distinta, también.
Cada gota forma un cráter efímero sobre el agua y emite un sonido que tan sutil que parece ensordecer a todo cuanto nos rodea.

El olor a lluvia. Eso es lo único que echo de menos de la lluvia en el mar. Por lo demás, no lo cambiaría por nada.

No sabría decir cuánto tiempo hace que salgo cada noche a cubierta para buscar consuelo en la delicada voz del mar.
Es su voz tan distinta…
Cuando escuchas al mar desde tierra parece que te grita, como si no quisiera que te acercaras. En cambio, cuando estás dentro… Cuando pasas tiempo viviendo sobre el mar, su voz se vuelve más calmada. Más efímera y casi imperceptible.
Susurra e hipnotiza.

La voz del mar.

Y en la noche, el leve brillo de la luna sobre las olas y el destello de las estrellas sobre esta superficie cuasicristalina te atrapa y te invita a saltar.

Cuántico

Esta noche el cielo se oscurece conforme pasan las horas.

Se evapora su luz plateada
como bruma que se disipa sobre el mar,
las diminutas motas lejanas de luz incandescente
se encogen, asustadas,
y dejan de emitir ese titileo constante que ponía música al firmamento.

Un estruendo lo ilumina todo
y hace vibrar el pasado en mi pecho.
Diluye tu voz en el viento
y me hace creer que me llamas.

Se quiebra el cielo sobre mis ojos
y cae bañando todo cuando pisan mis pies.

El fino polvo sideral lo cubre todo
absorbe los colores
de las cosas
y los torna negros.

Silencio.

Vuelve a iluminarse el cielo.
Un rayo, quizás, haya rasgado la montaña.

Vuelvo a escuchar una voz
pero no es la tuya.
Ahora pienso que tampoco lo ha sido nunca.

Silencio.

Eterno silencio que rompe el doloroso gemido
de un tiempo continuo
resquebrajado por el cuántico paso
del recuerdo a olvido.

Pintarlo todo de negro

El tiempo pasa demasiado rápido
entre tanto revuelo de sin razones;
toma formas incomprensibles,
danza
más allá de todo cuanto alcanzo a ver
como si fuese un lazo infinito
-rojo-
que se abandona al viento.

Corazones descompasados
intentan recuperar el ritmo previo al caos
pero no lo consiguen.
Crean frecuencias monótonas de latidos
inaudibles.

Una canción de los Rolling Stones rompe el silencio.

Ahora es tu voz la que para el tiempo
y deshace las lejanas frecuencias de unos latidos rotos.
Ahora es tu voz la que me invita
a pintarlo todo de negro.

Un hogar en la India – Mayo

Ya casi hacen dos meses desde que comencé este proyecto para recaudar fondos con el fin de construir un hogar en la India para una familia vulnerable bajo un proyecto humanitario de la Fundación Vicente Ferrer.

Seguramente, muchos de los que me leéis conocéis este proyecto y sabéis cómo está organizado y todo lo que implica cada pequeña aportación que hace cada uno de mis lectores. Aunque en caso de que quieras conocer más detalles, puedes consultar el siguiente enlace que te llevará a la entrada de mi página donde lo explico:

Un hogar en la India

A continuación, voy a mostrar el balance de beneficios obtenidos por la venta de todos mis libros en el último mes en las distintas plataformas (además del beneficio por venta directa, donaciones y aportaciones personales):

Todo lo que corresponde al mes de mayo podéis verlo en la siguiente tabla:

Y la evolución global del proyecto es:

El eje de la derecha tiene la información del Total acumulado mientras que el de la izquierda el correspondiente a los meses.

Por último, os dejo una captura del porcentaje alcanzado: casi un 20%

Si quieres conseguir un ejemplar, puedes encontrarlo en varias plataformas digitales. Sin embargo, el formato físico solo está disponible en Amazon en el siguiente enlace (dominio español aunque también está disponible en el resto)


Si lo prefieres, también puedes pedírmelo personalmente y te lo enviaría firmado (actualmente solo hago envíos a España). Puedes escribirme a la siguiente dirección de correo:

uncuadernoenblanco@gmail.com

Por otro lado, todos aquellos que quieran hacer una donación directa al proyecto pueden hacerlo a través de PayPal:

Muchísimas gracias a todos.
Es un placer poder compartir esto con vosotros y recibir tanto cariño a cambio.

La música del bosque

Hoy quiero compartir contigo un recuerdo en el que vives:

Aquel día cuando nos despertamos, un sinfín de nubes grises ocultaban el cielo.
Sin embargo, eso no evitó que decidiésemos pasear por aquellos caminos que nos harían atravesar el bosque.

No sabría decirte cuántas veces había imaginado aquel día desde que decidimos alojarnos en aquel hotel en mitad de la montaña y lo bonito que era en mi cabeza cada vez que lo pensaba. Pero esa mañana, cuando vi que las nubes ocultaban cualquier atisbo del brillo del sol, sentí una decepción enorme que hizo que mi perspectiva se nublase casi más que el cielo.

¿Cómo es posible que un detalle tan efímero como es la luz, que viene y va a su antojo, pueda cambiar tanto mi percepción de las cosas?

Como siempre, sonreíste.

¿A quién le ha hecho daño un poco de agua?

Comenzamos el camino con un silencio justo al pie de esa señal que indicaba el origen, el destino y la distancia que los separaba. Una flecha de madera oscura con letras en rojo viejo que apuntaban al abrazo de los árboles.

Tú empezaste a correr incitándome a que te siguiera.

Con tus pasos, diminutas hojas secas parecían apartarse de tu camino. Otras, en cambio, preferían permanecer donde estaban para guardar el eco eterno de tus huellas.

Más lejos, un arroyo atravesaba el bosque.

El agua jugueteaba entre las rocas, acariciando sus superficies, curvándolas más si cabe. El delicado rumor del agua al correr bajo nuestros pies cuando cruzamos aquel puente de madera antigua y hierro oxidado, el canto de los pájaros, el olor a libertad, el silencio de lo desconocido y la lluvia que no lograba atravesar las copas de los árboles… Todo eso componía una música única que ponía banda sonora a cada uno de nuestros pasos.

Y aunque no exista foto de ese día, es tan fuerte este recuerdo que creo sentir los colores del viento, el aroma del bosque que deja que el agua escape para no volver y el sabor de tu risa al compás de la mía.

Luz cegadora

Puede que pase el tiempo,
sientas que faltan mis palabras
y creas que el silencio ha sepultado todo cuanto fuimos.

La música seguirá dibujando
esa imagen que tenía de ti
aunque deje esta extraña sensación de vacío.

Créeme
no habrá luz que me ciegue
borrando todo de pronto
ni dejaré que el olvido
se llegue ningún recuerdo tuyo.

 

Dragón de piedra

Siempre hacíamos lo mismo: desayunábamos juntos, luego veíamos un rato la tele—uno al lado del otro—, después salíamos a pasear por el enorme jardín de aquellas instalaciones.

Aún siento en mis manos el tacto de aquella goma que cubría el acero de su silla de ruedas.

Ella siempre se sorprendía cuando nos acercábamos al diminuto rosal que había cerca de la fuente del dragón. Aunque, en realidad, era un pez enorme, pero ella siempre recordaba, entre risas, la disparatada historia que le conté hace meses en la que le conté que aquello era una especie de dragón muy rara que escupía agua en lugar de fuego. Un extraño dragón de pierda. Nuestro dragón de piedra.

Algunos días, sin que el personal nos viera, arrancábamos una rosa. Ella la elegía.
La agarraba entre sus manos y, sabiendo que se marchitaría si se la llevaba, me decía que lo hacía para recordar ese momento. Nuestro momento a los pies de ese dragón de piedra.

Avanzábamos por un sendero hasta llegar al borde de un enorme lago que casi se fundía a lo lejos con las montañas.
Yo me sentaba en uno de los bancos de mármol blanco.
Ella siempre quería quedarse a mi lado, viendo a lo lejos los nevados picos de las montañas, más allá del lago.

Era una imagen preciosa.
Ella siempre comentaba algo sobre la nieve.

Más tarde, cuando el sol casi rozaba el punto más alto del cielo, volvíamos deshaciendo el camino.

Dejábamos atrás las montañas nevadas, el lago casi infinito  y la fuente del dragón de piedra. Las rosas, al menos una de ellas, solían venirse con nosotros.

Después nos despedíamos en la puerta.
Un joven de bata blanca la recogía y la acompañaba al interior.
Ella me miraba. Nunca comprendía nuestras despedidas.
Siempre me sonreía antes de girarse. Y me preguntaba mi nombre.

Mi corazón se rompía en mil pedazos cada día cuando lo pronunciaba.
A veces, si no me escuchaba, se lo repetía.
Ella, sin saber que ya la conocía, me ofrecía el suyo.

Al día siguiente volvía.
Repetíamos la misma historia, desde el desayuno hasta la triste despedida que acababa en su nombre.

Flor de cerezo

Cada paso que te acerca a mí hace temblar sutilmente este suelo que nos mantiene flotando sobre una de las arterias de la ciudad.
Hace años que nos conocimos en este mismo lugar. Chocamos, nos miramos y me preguntaste mi nombre. Nevaba. ¿Lo recuerdas?
Algunos copos de nieve jugaban a entrelazarse en la lana de tu gorro rojo.
Otros se deslizaban por tu pelo.
Y algunos, preferían deshacerse en diminutas gotitas sobre tu nariz.
Recuerdo tu mirada cálida a través de la nieve.

Llegas tarde.
Siempre llegas tarde.
Y esta corta espera se me hace eterna.
Pero tu sonrisa hace que se detenga el tiempo.
Las manecillas del reloj retroceden, como si nos tuviesen miedo.
Me gusta que llegues tarde y que te disculpes dándome un abrazo que me encoge el pecho para alzar tu rostro después y mirarme lento.

Y me pierdo en ti, desaparece todo cuanto nos rodea: el ruido de los coches, la sensación de estar flotando en el vacío, este aroma único de la ciudad que se funde al olor de tu pelo…

Queda solo el tiempo y el espacio que nos separa.
(Cinco centímetros por segundo)
Dos segundos me separan de tus labios.
Dos segundos separan un beso.