poesía, poetry, prosa poética, Reflexión

Eco

Una gota de agua
en los labios del sediento.

Un rayo de luz
cuando no te tengo.

Un beso.

¿Dónde dejó el olvido
todo recuerdo tuyo?Gritos que se escapan.
Lágrimas.
Eco.

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Nuestro país de las maravillas

Este país de las maravillas no me lo ha descubierto
un conejo blanco que corre, nervioso,
pensando que llega tarde a una cita inexistente.

Este país de las maravillas no tiene una liebre de marzo
que se esconde, simulando una locura transitoria
donde solo un loco se atreve a parar el tiempo.
Tampoco existe un sombrerero que, sintiéndose muy por encima del cielo,
ponga algo de cordura
a todas estas fantasías intangibles de nuestro país de las maravillas.

No existe una reina de corazones
que quiera cortarnos la cabeza.
Bastante tenemos con perderla por nosotros mismos.
No existe una oruga que fume en pipa
aunque a veces, el humo se vea denso
simulando la niebla,
más allá de ese desfiladero al otro lado del infinito.

En este país de las maravillas
llueve a veces,
y huele a incienso.
Hace frío cuando se pone el sol y justo antes de amanecer
para que no exista noche en la que mi piel no busque la tuya.

Hace unos días nevó
en nuestro país de las maravillas.

Y siempre, siempre,
la luna nos sonríe antes de desaparecer.

Este país de las maravillas no es ese país de las maravillas
en el que todos piensan.

Este país de las maravillas,
nuestro país de las maravillas,
es maravilloso
solo porque estás en él.

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Primeras hojas de otoño

Veo caer las primeras hojas del otoño 
a través del sutil vaho 
que cubre las ventanas de tu dormitorio.

Tú aún duermes.

Todavía siento en mi espalda 
cómo se clavaban tus dedos 
mientras ahogabas tus gemidos en mi cuello. 

Como si intentaras liberar unas alas 
que ocultamos hace años.

Las hojas caen fuera 
entre el ruido monótono de la lluvia ligera, 
el ruido de los coches que pasan por la calle 
y el canto de algunos pájaros 
que se cobijan en los árboles cercanos.

Y te miro.

Las sábanas, echas un nudo a tus pies, 
parecen tener miedo de cubrir tu piel desnuda.

Nuestra ropa, entrelazada en el suelo, 
me recuerda a tus piernas 
entrelazadas con las mías.

Vuelvo a la cama contigo.

Y que sigan cayendo las hojas, 
allá afuera, 
mientras te robo el sueño 
con cada beso.

Y que me pidas follar 
hasta que nos falte el aliento.

Y que este mundo de ensueño, 
de infinito deseo surrealista, 
desvanezca la lluvia, 
el canto de los pájaros 
y todo sonido ajeno a ti y a mí.

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A veces

A veces, fuego.

Te desatas.

Arrasas con todo cuando creía a salvo,
me desnudas
y quemas mi piel con esos besos que no dejan marca.

A veces, agua.

Me atrapas
en un abrazo infinito que me deja sin aire.

Burbuja que resbalas por mi piel,
subes por mi pecho
y estallas
de placer
en mi boca.

A veces… Nada.

Escondes en tus ojos
el origen de todo cuanto soy
y guardas en tus labios
el sentido de cada una de mis palabras.

A veces, y solo a veces, Tú.

Tan eterna 
como cualquiera de esos suspiros
que llevan tu nombre.

Tan única 
como el sin sentido que siempre me lleva a ti.

Tan fugaz
como cada uno de esos instantes en los que te escribo.

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Se deslizan las gotas de agua
por los cristales
como se deslizarían mis besos
por los recovecos de tu cuerpo.

Y aprieta el frío,
atrapando mi respiración
en ese vaho denso
que me permite dibujar tu nombre.

Miro,
más allá de la Ciudad,
cómo florecen diminutas luces en el cielo
tras la puesta de sol.

Siento un beso apagado en mis labios.

Es extraño pero
siempre parece que llueve de más
cuanto más te echo de menos.

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Más rojo

Yo estaba donde no tenía que estar
y tú
pasaste, sin saberlo,
por mi lado. 

Nos encontramos,
(tanto tiempo esperando) sin querer.

Perdí los años buscándote
en libros y en canciones…

Y te encontré,
en ese momento en el que me miraste
y me encontraste por casualidad.

Hoy, 
se me encoge el pecho
al pensar en cómo recuperar
los años de fantasía
ahora que te tengo cerca.

Porque me robas la ternura 
en cada mirada,
en cada beso
y con esas caricias que palpitan para siempre
en mi piel.

Destrozas mi lista de imposibles,
me haces volar
cuando metes mi mano bajo tu falda.

Haces de mi mundo, 
un mundo más cálido,
más rojo,
con cierto sabor a fresa y a sal.

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Los colores primero

Aprendí, 
gracias a ti,
a ver los colores esenciales de las cosas,
el color de la gente,
el color real de tus ojos oscuros
y hasta el color que sugiere
cada una de las canciones que me cantas.

Nunca supe decirte 
qué color veía en ti.

Diría que te mezclabas 
entre el rojo aterciopelado de tus labios
y el azul de una noche 
al filo del mar.

Recorro recuerdos lejanos y busco
de nuevo
el color de tus besos,
de tus abrazos 
y de todos los suspiros
que interrumpieron los orgasmos.

Estallan 
en diminutas motitas plateadas y azules
y caen para mojarnos en este abrazo
que no termina.

Aprendí,
gracias a ti,
a ver los colores primero
y dejar para luego
todo lo demás.

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Café y chocolate

Me estremecen tus parpadeos lentos,
el diminuto hueco que dejas entre tus labios
cuando posas la mirada en los míos
y el dulce perfume de tu pelo sobre mi piel.

Abrazarte, 
así tumbados, 
sobre la cama
es como abrazar mil flores.

Y besarte,
lento,
es tan tierno
como esa onza de chocolate
que siempre dejas flotar 
en la espuma del café.

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Música

Hoy el cielo cubre de negro
cada palmo de abismo 
que se abre sobre mi cabeza.

Como tus ojos, 
me atrapa, me enamora…

Tengo que confesarte
que me enamoré,
perdidamente,
de tu voz
antes de poder ver el brillo de tu mirada.

Y llueve.

El tintineo de la lluvia me lleva,
acribillado a besos diminutos en la piel,
a recordar la música que escapa de tus labios
cuando susurras ven
a un beso de distancia de mi cuello.

Me distraes
y me llevas a casa con el desconcierto
de no saber cómo he llegado.

¿Sabes? 
Creo que nunca supe decirte
te quiero
por miedo a que tú sintieses lo mismo.

Por eso,
me dejo llevar por la melodía que esconden
estas tímidas palabras
y tarareo una canción que no conozco
y susurro tu nombre
y me enciendo 
con el recuerdo de tu calor intangible,
para quedarme con el sabor a noches en vela
que me dejaban tus besos.

Me faltaban las palabras, y me faltan,
en este constante silencio que enmascara
la dulce música de tu recuerdo.

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Tu voz

Me desconcierta tu voz
cuando, de improviso,
se cuela en mi cabeza y me habla
de ti y de mí, de los dos.

Se me da muy mal fingir.

Y es que siento que todo está de más
cuando te echo de menos.

Quiero
comerte la boca,
terminar cada ensueño en tus labios,
desnudar tu cuerpo
y recorrer a besos 
cada pedacito de ti.

Quiero
llevarte en brazos
por las infinitas aventuras que encierran mis cuentos.

Y quiero
que todas mis letras tengan tu voz.
Y que griten, y te digan
que lo único que quiero es amarte
lo justo
para quererte toda mi vida.

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Azul

Siempre me he dejado llevar por el pasado.

He sentido cada recuerdo, de nuevo,
y lo he sostenido entre mis manos.

Yo lo veo como una pequeña esfera,
de cristal frío y desgastado
con diferentes brillos y matices
de color azul.

La música que recuerdo
y me viene a la cabeza en cada momento
me tortura y me destruye
me hace gritar tu nombre
en silencio
y me acompaña hasta altas horas de la madrugada.

Esa música que viene de cualquier parte,
de tu voz,
de tus letras, cuando me escribes,
o la misma música que canto
sin saber que podía cantarla.

Toda esa música la escucho azul.

La estrella que estalló sobre nuestras cabezas
y pasó detrás de ti,
fugaz,
hasta perderse de nuevo,
era de un azul indescriptible,
mágico,
pero azul.

Y el negro en tus ojos,
aquella noche
o cuando los miras al espejo;
ese color negro, siempre
me muestra un destello
azul
cuando me miras.

Y tus labios
y esos besos contenidos,
y los besos apasionados
cuando me haces el amor,
y los besos que me das
cuando me abrazas…

Tus besos
me saben azul.
Y es maravilloso.

Huelo el azul de tu pelo
y el azul de tu piel
cuando la recorro con mis dedos.

Es azul cada una de las palabras que te digo
y es azul
cada suspiro que se me escapa
cuando pienso en ti.

Es azul porque te siento cerca,
da igual donde estés.

Hasta tus puntos suspensivos
son de color azul.

Y es azul
un te quiero.

Es azul.