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Fallo del Jurado del I Certamen Literario de Relato y Poesía de Encinas Reales

Después de haber realizado un largo proceso de lectura, clasificación y selección, debido fundamentalmente a la gran cantidad de obras presentadas, así como a la calidad y extensión de muchas de ellas; y, por otro lado, a la excepcional situación actual que conlleva la pandemia de Covid-19, el jurado del I Certamen Literario de Encinas Reales ha determinado la siguiente relación de premios por categorías, cuyo fallo hacemos público ahora dentro de la programación cultural de las fiestas patronales de la localidad.

Categoría de adultos

1º Premio: “Derrumbe”, de Santiago Raúl Repetto.
2º Premio: “Los niños que no pudieron ver el mar”, Pedro Navazo Gómez.

Categoría juvenil

1º Premio: “Faltas de ortografía en las sopas de letras”, de Estrella Martín Zapater.
2º Premio: “Cena en palacio”, Mª Isabel Coz Salceda.

Categoría infantil

1º Premio: “Un casting inolvidable”, de Carolina Torralbo Cortés.
2º Premio: “Sabemos gestionar nuestro futuro”, de Nahir Baides López.

Desde el Ayuntamiento de Encinas Reales, los organizadores de este I Certamen Literario de la localidad queremos agradecer la participación de todos los autores y autoras que nos han enviado sus relatos y poemas. Nos ha sorprendido gratamente la numerosa recepción y difusión de esta iniciativa, que esperamos continuar en ediciones posteriores. Además, os comunicamos que en breve se notificará personalmente a los autores de las obras finalistas seleccionadas, que formarán parte de la publicación titulada “Antología Susurros del Corazón“.


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Si te llamo esta noche

Y si te llamo esta noche, ¿estarás?

No tengo nada más que el silencio que guardan todos estos botellines vacíos, mil palabras que amenazan con escapar y perderse para siempre y el deseo incontrolable de gritar hasta perder el sentido.

Aun así, si te llamo esta noche, ¿estarás?

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Café al pasado

Esta monótona melodía revive el eco de tus risas mientras migabas tus galletas en el café frío.

Nunca supe valorar tanto un café hasta años después de haberte perdido.

Hoy, a pesar de que el olvido amenaza con llevarte para siempre, aún despierta tu recuerdo en el aroma del café solo, en los tintineos de unas tazas que llevaron tu nombre y en el sabor de estas galletas que solíamos compartir cada tarde.

Enmudece la música y tu recuerdo suelta mi mano.

Ya no escucho tu risa. Tampoco puedo recordar tu voz. Y el café se ha quedado frío.

Vuelvo a escuchar la misma melodía de antes. Monótona y triste, no te trae de vuelta.

El café se seca en los bordes de esta taza blanca y se consume sobre sí mismo.

El café de media tarde no es lo mismo si no es contigo.

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Flor de cerezo

Cada paso que te acerca a mí hace temblar sutilmente este suelo que nos mantiene flotando sobre una de las arterias de la ciudad.
Hace años que nos conocimos en este mismo lugar. Chocamos, nos miramos y me preguntaste mi nombre. Nevaba. ¿Lo recuerdas?
Algunos copos de nieve jugaban a entrelazarse en la lana de tu gorro rojo.
Otros se deslizaban por tu pelo.
Y algunos, preferían deshacerse en diminutas gotitas sobre tu nariz.
Recuerdo tu mirada cálida a través de la nieve.

Llegas tarde.
Siempre llegas tarde.
Y esta corta espera se me hace eterna.
Pero tu sonrisa hace que se detenga el tiempo.
Las manecillas del reloj retroceden, como si nos tuviesen miedo.
Me gusta que llegues tarde y que te disculpes dándome un abrazo que me encoge el pecho para alzar tu rostro después y mirarme lento.

Y me pierdo en ti, desaparece todo cuanto nos rodea: el ruido de los coches, la sensación de estar flotando en el vacío, este aroma único de la ciudad que se funde al olor de tu pelo…

Queda solo el tiempo y el espacio que nos separa.
(Cinco centímetros por segundo)
Dos segundos me separan de tus labios.
Dos segundos separan un beso.

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Cuántico

Esta noche el cielo se oscurece conforme pasan las horas.

Se evapora su luz plateada
como bruma que se disipa sobre el mar,
las diminutas motas lejanas de luz incandescente
se encogen, asustadas,
y dejan de emitir ese titileo constante que ponía música al firmamento.

Un estruendo lo ilumina todo
y hace vibrar el pasado en mi pecho.
Diluye tu voz en el viento
y me hace creer que me llamas.

Se quiebra el cielo sobre mis ojos
y cae bañando todo cuando pisan mis pies.

El fino polvo sideral lo cubre todo
absorbe los colores
de las cosas
y los torna negros.

Silencio.

Vuelve a iluminarse el cielo.
Un rayo, quizás, haya rasgado la montaña.

Vuelvo a escuchar una voz
pero no es la tuya.
Ahora pienso que tampoco lo ha sido nunca.

Silencio.

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Un beso que se nos perdió en París

Hoy me asalta el recuerdo de aquel beso
que nunca te di
sobre aquel puente que cruza el Sena
entre Notre Dame y la Torre Eiffel.

Y me queda la nostalgia contenida
en este sorbo amargo
de un café de media tarde.

Hoy me asalta el recuerdo de aquel beso
que perdimos en París.

 

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La voz del mar

No sabría decir cuánto tiempo llevo embarcado en este viaje sin fin que me lleva a visitar ciudades por todo el mundo.

Los días pasan de forma distinta cuando se vive sobre el mar.
Los colores, también parecen transformarse y tomar cierto matiz azulado y gris.

La lluvia es muy distinta, también. Cada gota forma un cráter efímero sobre el agua y emite un sonido tan sutil que parece ensordecer a todo cuanto nos rodea.

El olor a lluvia. Eso es lo único que echo de menos en el mar. Por lo demás, no lo cambiaría por nada.

No sabría decir cuánto tiempo hace que salgo cada noche a cubierta para buscar consuelo en la delicada voz del mar.
Es su voz tan distinta…
Cuando escuchas al mar desde tierra parece que te grita, como si no quisiera que te acercaras. En cambio, cuando estás dentro… Cuando pasas tiempo viviendo sobre el mar, su voz se vuelve más calmada. Más efímera y casi imperceptible.
Susurra e hipnotiza.

La voz del mar.

Y en la noche, el leve brillo de la luna sobre las olas y el destello de las estrellas sobre esta superficie cuasicristalina te atrapa y te invita a saltar.

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Las guitarras lloran en silencio

Una guitarra que echa de menos tus dedos,
una melodía encerrada
que se pierde muy adentro,
un grito sordo
al cielo
en esta despedida inesperada. 

Y en silencio
lloran
cada una de las guitarras
que tuviste en tus manos. 

Se quedan sus cuerdas,
marchitas,
rasgadas
por movimientos
que ahora son recuerdo,
llenándose de olvido
al compás de una melodía marcada
por el tiempo
que detiene un segundero
en un reloj de pared.

Un silencio
que contiene el llanto
de una guitarra anónima. 

Y cuando el polvo cubra
todo lo que fue de tu música,
de tu voz,
arrancará un último acorde
en ese estallido imperceptible
(un crujido
o un quejío)
que te traerá de vuelta
a esta vida
pasajera
que hiciste mejor
con cada una de las notas
que ofrecieron tus latidos.

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Diente de león [Gratis en Amazon]

Es curioso cómo, con los años, nos aferramos cada vez más a la vida.
Luego, llega un momento (a cada cual le llega cuando corresponde) en el que, de buenas a primeras, ya no te importa seguir viviendo. Quizá, de tanto aferrarse con todas sus fuerzas a la vida, las personas acaben agotadas y decidan soltarla.

Donian.

Hoy quería compartir con vosotros uno de mis últimos relatos.

“Diente de león: Un pequeño relato sobre el color de la oscuridad”

Es un relato que narra la realidad desde una perspectiva distinta, espiritual.
Retrata desde un punto de vista distinto esos últimos instantes que nos acercan a la muerte.

Podéis conseguirlo en:

Descarga para España.
Descarga Internacional
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Dragón de piedra

Siempre hacíamos lo mismo: desayunábamos juntos, luego veíamos un rato la tele—uno al lado del otro—, después salíamos a pasear por el enorme jardín de aquellas instalaciones.

Aún siento en mis manos el tacto de aquella goma que cubría el acero de su silla de ruedas.

Ella siempre se sorprendía cuando nos acercábamos al diminuto rosal que había cerca de la fuente del dragón. Aunque, en realidad, era un pez enorme, pero ella siempre recordaba, entre risas, la disparatada historia que le conté hace meses en la que le conté que aquello era una especie de dragón muy raro que escupía agua en lugar de fuego. Un extraño dragón de pierda. Nuestro dragón de piedra.

Algunos días, sin que el personal nos viera, arrancábamos una rosa. Ella la elegía.
La agarraba entre sus manos y, sabiendo que se marchitaría si se la llevaba, me decía que lo hacía para recordar ese momento. Nuestro momento a los pies de ese dragón de piedra.

Avanzábamos por un sendero hasta llegar al borde de un enorme lago que casi se fundía a lo lejos con las montañas.
Yo me sentaba en uno de los bancos de mármol blanco.
Ella siempre quería quedarse a mi lado, viendo a lo lejos los nevados picos de las montañas, más allá del lago.

Era una imagen preciosa.
Ella siempre comentaba algo sobre la nieve.

Más tarde, cuando el sol casi rozaba el punto más alto del cielo, volvíamos deshaciendo el camino.

Dejábamos atrás las montañas nevadas, el lago casi infinito  y la fuente del dragón de piedra. Las rosas, al menos una de ellas, solían venirse con nosotros.

Después nos despedíamos en la puerta.
Un joven de bata blanca la recogía y la acompañaba al interior.
Ella me miraba. Nunca comprendía nuestras despedidas.
Siempre me sonreía antes de girarse. Y me preguntaba mi nombre.

Mi corazón se rompía en mil pedazos cada día cuando lo pronunciaba.
A veces, si no me escuchaba, se lo repetía.
Ella, sin saber que ya la conocía, me ofrecía el suyo.

Al día siguiente volvía.
Repetíamos la misma historia, desde el desayuno hasta la triste despedida que acababa en su nombre.

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Un hogar en la India – Agosto

Este mes de agosto ha sido tranquilo. Pero no por ello, el proyecto ha pasado desapercibido. Durante este mes, Mi tiempo en tu reloj ha tenido muchas más compras en Amazon que en el resto de meses anteriores, lo que me lleva a pensar que, poco a poco, el libro y lo que representa está llegando cada vez a más personas.

Como en otras ocasiones, quiero agradecer a toda esa gente que se está volcando con el proyecto. Hoy en especial, quiero dar las gracias a mi madre por todo el interés y el cariño que está dando a este libro, haciendo llegar el mensaje a muchísimas personas.

Te invito a visitar la siguiente página de mi blog para conocer más detalles sobre este proyecto:

Un hogar en la India

Si nos centramos en los números, este ha sido el balance de este mes:

En la siguiente gráfica, podréis ver la evolución mensual:

La recaudación actual es de 1279,51€
Esto supone haber alcanzado el 51,18% del objetivo.

Si quieres conseguir un ejemplar, puedes encontrarlo en varias plataformas digitales. Sin embargo, el formato físico solo está disponible en Amazon en el siguiente enlace (dominio español aunque también está disponible en el resto):

Si lo prefieres, también puedes pedírmelo personalmente y te lo enviaría firmado (actualmente solo hago envíos a España). Puedes escribirme a la siguiente dirección de correo:

uncuadernoenblanco@gmail.com

Por otro lado, todos aquellos que quieran hacer una donación directa al proyecto pueden hacerlo a través de PayPal:

Una vez más, daros las gracias de corazón por todo el cariño que estáis dando a este proyecto.

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Café al pasado

Esta monótona melodía revive el eco de tus risas mientras migabas tus galletas en el café frío.

Nunca supe valorar tanto un café hasta años después de haberte perdido.

Hoy, a pesar de que el olvido amenaza con llevarte para siempre, aún despierta tu recuerdo en el aroma del café solo, en los tintineos de unas tazas que llevaron tu nombre y en el sabor de estas galletas que solíamos compartir cada tarde.

Enmudece la música y tu recuerdo suelta mi mano.

Ya no escucho tu risa. Tampoco puedo recordar tu voz. Y el café se ha quedado frío.

Vuelvo a escuchar la misma melodía de antes. Monótona y triste, no te trae de vuelta.

El café se seca en los bordes de esta taza blanca y se consume sobre sí mismo.

El café de media tarde no es lo mismo si no es contigo.