Una noche más

Hacía semanas que no conseguía escribir una puta frase con sentido. Estaba totalmente bloqueado. Las ideas me venían a la mente agolpadas unas con otras, chocaban entre ellas… no servían para nada.
Aquella noche decidí salir para que me diese el aire.
Había estado todo el día lloviendo.
Las calles estaban empapadas y un olor a tierra y madera mojada lo envolvía todo.

Entré en un bar que había al fondo de la calle.
Caminé hacia la barra y pedí un whisky.
Los ojos negros de la camarera me miraban, pero era como si no observaran nada. Una expresión cansada y melancólica se dibujaba en su rostro. Era una mirada ensayada, neutral, igual para cada persona a la que atendía.

En la televisión tenían puesto el típico programa musical sin volumen, mientras por los altavoces sonaba una música que nada tenía que ver con el videoclip que estaba viendo en aquel momento. A veces, me entretenía imaginando en conjunto aquella música con aquellos bailes o escenas…

Movía el vaso de whisky para que los hielos se derritieran un poco.  Daba pequeños sorbos sin fijar la vista en ningún sitio.

La camarera sacaba un teléfono móvil de uno de los bolsillos de su delantal negro.
Lo miraba.
Escribía algunas palabras rápidamente sin apenas cambiar el gesto. Su rostro se iluminaba de forma sutil por la luz que emitía aquel dispositivo.
Lo guardaba de nuevo.
Luego, levantaba la vista para asegurarse de que no tenía que atender a nadie.
Volvía a repetirlo.

Me resultó inspirador cómo lo hacía, como si día a día lo repitiese, como si ya fuese algo inconsciente. Le salía tan natural como respirar.

Parecía que también tenía un mal día.

Di un último sorbo y me quedé con uno de los hielos en la boca. No me había servido de mucho salir para aclarar las ideas pero, al menos, había encontrado algo que contar…

Doblé un billete de diez euros y lo dejé bajo el vaso ancho y verde.

Salí a la calle y me paré en la entrada al ver que llovía.
Me abroché el abrigo hasta el cuello y volví a casa sintiendo cómo aquellas densas gotas caían sobre mí.

No sabría explicar qué siento al caminar bajo la lluvia.
Tampoco sé si querría explicarlo.
Simplemente, era una sensación que me gustaba.

El resurgir de los estilos

La Inteligencia Artificial (IA) me ha intrigado desde hace muchísimos años.
Siempre he perseguido la idea de crear alguna inteligencia que pueda llegar a convertirse en conciencia aunque eso es algo que me queda muy lejos todavía.

Sin embargo, tras unas semanas formándome en algunos aspectos, he llegado a algo muy curioso y que me ha desperado tal interes que no he podido evitar pasar unas horas jugando: La transferencia de estilo.

La transferencia de estilo consise en “aprender” el estilo de un artistca concreto y trasladarlo a una imagen cualquiera. Así, el resulado final tiene un aspecto que haría recordar a ese artisa aunque él no haya creado esa obra final.

¿Hasta qué punto una IA podría aprender estilos y crear obras que subieran a nombres pasados?

Opinad vosotros mismos.

Para esta prueba he elegido una fotografía de una de la iglesias de mi pueblo natal, Encinas reales.

Calvario1024x780
Y como estilos he buscado una obra de Monet:

monet1024x780
y otra de Van Gogh:

van1200x675

El curioso resultado final ha sido el siguiente:

La adaptación de la imagen con el estilo de Monet

generated_image.jpg

Y la adaptación de la imagen con el estilo de Van Gogh

220

 

Desde mi punto de vista, es algo que se me sugiere fascinante.