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Gracias, abuelos

Siendo tan distintos, los cuatro, siempre os he considerado como un único referente que me unía a un pasado que nunca he vivido: cada una de las historias que me contabais o esa emoción contenida que transmitíais en cada una de las vivencias que hacíais mías.

Son todos los momentos que pasamos juntos, abuelos, lo que ha hecho que tenga una conexión tan grande con ese pasado que, sin conocerlo, siento mío.

Sin darme cuenta, la vida pasa en un suspiro.

Hoy, la esencia de lo que fuisteis amenaza con volverse efímera.
Como si ese nexo con mi realidad quisiera desaparecer con vuestra partida.
Sin embargo, siempre prevalecerá vuestro recuerdo, los valores que me habéis transmitido y las huellas que habéis dejado en mi camino.

Gracias, abuelos.
Gracias a vosotros y a lo que habéis sido,
podré rememorar mi vida
y vivirla en adelante
bajo la inocente mirada de un niño.

Escribo

Escribo
en ese viaje eterno
que siempre me lleva a mí mismo.

No es por hacerte sentir lo que crees sentir
ni por ayudarte a comprender todo eso
que tienes cerca y que
pocas veces
crees ver en las palabras de otro.
(Quizá en las mías)

No es, si quiera, por formar parte de tu vida
aunque solo fuese un instante.

No.

No escribo por nada de eso.

Escribo
porque creo encontrarme en momentos
que se me hacen fugaces

Escribo
porque cuando lo hago
creo saber quién soy.

Escribo para convencerme de que siempre puedo dar un poco más.

Y aunque a veces crea perder el rumbo
entre la tempestad caótica del verso libre
siento que no voy a sentirme más cómodo
en ningún otro sitio.


Si te llamo esta noche

Y si te llamo esta noche, ¿estarás?

No tengo nada más que el silencio que guardan todos estos botellines vacíos, mil palabras que amenazan con escapar y perderse para siempre y el deseo incontrolable de gritar hasta perder el sentido.

Aun así, si te llamo esta noche, ¿estarás?

La voz del mar

No sabría decir cuánto tiempo llevo embarcado en este viaje sin fin que me lleva a visitar ciudades por todo el mundo.

Los días pasan de forma distinta cuando se vive sobre el mar.
Los colores, también parecen transformarse y tomar cierto matiz azulado y gris.

La lluvia es muy distinta, también. Cada gota forma un cráter efímero sobre el agua y emite un sonido tan sutil que parece ensordecer a todo cuanto nos rodea.

El olor a lluvia. Eso es lo único que echo de menos en el mar. Por lo demás, no lo cambiaría por nada.

No sabría decir cuánto tiempo hace que salgo cada noche a cubierta para buscar consuelo en la delicada voz del mar.
Es su voz tan distinta…
Cuando escuchas al mar desde tierra parece que te grita, como si no quisiera que te acercaras. En cambio, cuando estás dentro… Cuando pasas tiempo viviendo sobre el mar, su voz se vuelve más calmada. Más efímera y casi imperceptible.
Susurra e hipnotiza.

La voz del mar.

Y en la noche, el leve brillo de la luna sobre las olas y el destello de las estrellas sobre esta superficie cuasicristalina te atrapa y te invita a saltar.

Nuestro país de las maravillas

Este país de las maravillas no me lo ha descubierto
un conejo blanco que corre, nervioso,
pensando que llega tarde a una cita inexistente.

Este país de las maravillas no tiene una liebre de marzo
que se esconde, simulando una locura transitoria
donde solo un loco se atreve a parar el tiempo.
Tampoco existe un sombrerero que, sintiéndose muy por encima del cielo,
ponga algo de cordura
a todas estas fantasías intangibles de nuestro país de las maravillas.

No existe una reina de corazones
que quiera cortarnos la cabeza.
Bastante tenemos con perderla por nosotros mismos.
No existe una oruga que fume en pipa
aunque a veces, el humo se vea denso
simulando la niebla,
más allá de ese desfiladero al otro lado del infinito.

En este país de las maravillas
llueve a veces,
y huele a incienso.
Hace frío cuando se pone el sol y justo antes de amanecer
para que no exista noche en la que mi piel no busque la tuya.

Hace unos días nevó
en nuestro país de las maravillas.

Y siempre, siempre,
la luna nos sonríe antes de desaparecer.

Este país de las maravillas no es ese país de las maravillas
en el que todos piensan.

Este país de las maravillas,
nuestro país de las maravillas,
es maravilloso
solo porque estás en él.

Luz cegadora

Puede que pase el tiempo,
sientas que faltan mis palabras
y creas que el silencio ha sepultado todo cuanto fuimos.

La música seguirá dibujando
esa imagen que tenía de ti
aunque deje esta extraña sensación de vacío.

Créeme
no habrá luz que me ciegue
borrando todo de pronto
ni dejaré que el olvido
se lleve ningún recuerdo tuyo.

Como tú

Me gusta la gente
como tú,
que te marca para siempre
con una mirada
sincera
y un sonrisa
que te acelera el pulso.

Me gusta la gente
como tú,
por esos besos
que puedo ver en tus ojos,
por ese deseo desatado
que escondes bajo tu piel y reprimes
en un abrazo
que me deja sin aire.

Y lo bonito que es
encontrar gente como tú…

Noche en la playa

Me gusta la playa por la noche,
porque se pueden ver las estrellas
y el sonido de las olas
no es suficiente para callar tu voz.

Me gusta
por el brillo en tus ojos
que deja esa luna intermitente.

También me gusta
por la infinidad de constelaciones
a las que le inventamos el nombre.

Tus labios,
dan besos distintos
cuando los dan en la playa
por la noche.

Como aquellos tesoros

Te fuiste apagando,
como se apaga
un copo de nieve
en unas manos ingenuas.

Nos regalaste risas,
horas de desvelo
escuchando tu monótona melodía.

Nos regalaste algún grito,
provocado por tus inesperadas
muestras de cariño.

Fuiste un destello,
una diminuta luz,
muy pequeña.
Sin embargo, dejas un vacío enorme.

Te recordaré,
te recordaremos siempre.

Guardaremos esos momentos
como aquellos tesoros
que tú escondías a la vista de todos.