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No te imaginas

No te imaginas las ganas
que tengo
de un abrazo tuyo,
del silencio que provocas
y de los infinitos besos
que solo tú sabes dar.

No te imaginas las ganas
que tengo
de ti,
de perderme en tu piel
siguiendo los caminos
que unen tus lunares,
de encontrarme
de nuevo
entre tus piernas.

No te imaginas las ganas,
no te imaginas…

Como aquellos tesoros

Te fuiste apagando,
como se apaga
un copo de nieve
en unas manos ingenuas.

Nos regalaste risas,
horas de desvelo
escuchando tu monótona melodía.

Nos regalaste algún grito,
provocado por tus inesperadas
muestras de cariño.

Fuiste un destello,
una diminuta luz,
muy pequeña.
Sin embargo, dejas un vacío enorme.

Te recordaré,
te recordaremos siempre.

Guardaremos esos momentos
como aquellos tesoros
que tú escondías a la vista de todos.

Aún dormía cuando
llamaste a mi puerta.
No esperaba a nadie,
no tenía por qué esperar.

Abrí,
aún con el sueño 
en mis ojos.

Quedé paralizado
por tu mirada.
Mi corazón latía
con fuerza,
desbocado por tu sonrisa.

Ese brillo en tus ojos
me hacía sentir único.

Separados por una barrera
invisible,
inexistente
formada por una puerta
que ya no estaba.


entraste en mi casa
y en mi vida.

Lo que pudo ser

Parecía acercarse,
tambaleándose.
Vi la duda dibujada
en su rostro.

Nuestros ojos se cruzaron
un segundo…
Tal vez dos.

Desvió su camino
y se alejó,
dibujando una senda difusa
y deforme.

Demasiado alcohol
por esta noche.

Me quedo a tu lado

Cruzábamos la calle y
un golpe sordo
obligó a despedirnos.

Miraba tu cuerpo tumbado
desde la acera.

Tú parecías no sentir nada ya…

¿Por qué te quedas tumbado?
¿Ya no me sigues?

Mi corazón latía por los dos,
tan rápido,
sin saber por qué.

Lloraría si pudiera.
Gritaría si no fuese gato.

Sigo mirándote y tú
no te mueves.

Me quedo a tu lado, compañero,
viendo pasar a estos demonios
de metal.

Más rojo

Yo estaba donde no tenía que estar
y tú
pasaste, sin saberlo,
por mi lado. 

Nos encontramos,
(tanto tiempo esperando) sin querer.

Perdí los años buscándote
en libros y en canciones…

Y te encontré,
en ese momento en el que me miraste
y me encontraste por casualidad.

Hoy, 
se me encoge el pecho
al pensar en cómo recuperar
los años de fantasía
ahora que te tengo cerca.

Porque me robas la ternura 
en cada mirada,
en cada beso
y con esas caricias que palpitan para siempre
en mi piel.

Destrozas mi lista de imposibles,
me haces volar
cuando metes mi mano bajo tu falda.

Haces de mi mundo, 
un mundo más cálido,
más rojo,
con cierto sabor a fresa y a sal.

Los colores primero

Aprendí, 
gracias a ti,
a ver los colores esenciales de las cosas,
el color de la gente,
el color real de tus ojos oscuros
y hasta el color que sugiere
cada una de las canciones que me cantas.

Nunca supe decirte 
qué color veía en ti.

Diría que te mezclabas 
entre el rojo aterciopelado de tus labios
y el azul de una noche 
al filo del mar.

Recorro recuerdos lejanos y busco
de nuevo
el color de tus besos,
de tus abrazos 
y de todos los suspiros
que interrumpieron los orgasmos.

Estallan 
en diminutas motitas plateadas y azules
y caen para mojarnos en este abrazo
que no termina.

Aprendí,
gracias a ti,
a ver los colores primero
y dejar para luego
todo lo demás.

Café y chocolate

Me estremecen tus parpadeos lentos,
el diminuto hueco que dejas entre tus labios
cuando posas la mirada en los míos
y el dulce perfume de tu pelo sobre mi piel.

Abrazarte, 
así tumbados, 
sobre la cama
es como abrazar mil flores.

Y besarte,
lento,
es tan tierno
como esa onza de chocolate
que siempre dejas flotar 
en la espuma del café.