Etiqueta: poemas de amor

Primeras hojas de otoño

Veo caer las primeras hojas del otoño 
a través del sutil vaho 
que cubre las ventanas de tu dormitorio.

Tú aún duermes.

Todavía siento en mi espalda 
cómo se clavaban tus dedos 
mientras ahogabas tus gemidos en mi cuello. 

Como si intentaras liberar unas alas 
que ocultamos hace años.

Las hojas caen fuera 
entre el ruido monótono de la lluvia ligera, 
el ruido de los coches que pasan por la calle 
y el canto de algunos pájaros 
que se cobijan en los árboles cercanos.

Y te miro.

Las sábanas, echas un nudo a tus pies, 
parecen tener miedo de cubrir tu piel desnuda.

Nuestra ropa, entrelazada en el suelo, 
me recuerda a tus piernas 
entrelazadas con las mías.

Vuelvo a la cama contigo.

Y que sigan cayendo las hojas, 
allá afuera, 
mientras te robo el sueño 
con cada beso.

Y que me pidas follar 
hasta que nos falte el aliento.

Y que este mundo de ensueño, 
de infinito deseo surrealista, 
desvanezca la lluvia, 
el canto de los pájaros 
y todo sonido ajeno a ti y a mí.

A veces

A veces, fuego.

Te desatas.

Arrasas con todo cuando creía a salvo,
me desnudas
y quemas mi piel con esos besos que no dejan marca.

A veces, agua.

Me atrapas
en un abrazo infinito que me deja sin aire.

Burbuja que resbalas por mi piel,
subes por mi pecho
y estallas
de placer
en mi boca.

A veces… Nada.

Escondes en tus ojos
el origen de todo cuanto soy
y guardas en tus labios
el sentido de cada una de mis palabras.

A veces, y solo a veces, Tú.

Tan eterna 
como cualquiera de esos suspiros
que llevan tu nombre.

Tan única 
como el sin sentido que siempre me lleva a ti.

Tan fugaz
como cada uno de esos instantes en los que te escribo.

Se deslizan las gotas de agua
por los cristales
como se deslizarían mis besos
por los recovecos de tu cuerpo.

Y aprieta el frío,
atrapando mi respiración
en ese vaho denso
que me permite dibujar tu nombre.

Miro,
más allá de la Ciudad,
cómo florecen diminutas luces en el cielo
tras la puesta de sol.

Siento un beso apagado en mis labios.

Es extraño pero
siempre parece que llueve de más
cuanto más te echo de menos.

Música

Hoy el cielo cubre de negro
cada palmo de abismo 
que se abre sobre mi cabeza.

Como tus ojos, 
me atrapa, me enamora…

Tengo que confesarte
que me enamoré,
perdidamente,
de tu voz
antes de poder ver el brillo de tu mirada.

Y llueve.

El tintineo de la lluvia me lleva,
acribillado a besos diminutos en la piel,
a recordar la música que escapa de tus labios
cuando susurras ven
a un beso de distancia de mi cuello.

Me distraes
y me llevas a casa con el desconcierto
de no saber cómo he llegado.

¿Sabes? 
Creo que nunca supe decirte
te quiero
por miedo a que tú sintieses lo mismo.

Por eso,
me dejo llevar por la melodía que esconden
estas tímidas palabras
y tarareo una canción que no conozco
y susurro tu nombre
y me enciendo 
con el recuerdo de tu calor intangible,
para quedarme con el sabor a noches en vela
que me dejaban tus besos.

Me faltaban las palabras, y me faltan,
en este constante silencio que enmascara
la dulce música de tu recuerdo.