libros, poesía, poetry, prosa poética

Más rojo

Yo estaba donde no tenía que estar
y tú
pasaste, sin saberlo,
por mi lado. 

Nos encontramos,
(tanto tiempo esperando) sin querer.

Perdí los años buscándote
en libros y en canciones…

Y te encontré,
en ese momento en el que me miraste
y me encontraste por casualidad.

Hoy, 
se me encoge el pecho
al pensar en cómo recuperar
los años de fantasía
ahora que te tengo cerca.

Porque me robas la ternura 
en cada mirada,
en cada beso
y con esas caricias que palpitan para siempre
en mi piel.

Destrozas mi lista de imposibles,
me haces volar
cuando metes mi mano bajo tu falda.

Haces de mi mundo, 
un mundo más cálido,
más rojo,
con cierto sabor a fresa y a sal.

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Los colores primero

Aprendí, 
gracias a ti,
a ver los colores esenciales de las cosas,
el color de la gente,
el color real de tus ojos oscuros
y hasta el color que sugiere
cada una de las canciones que me cantas.

Nunca supe decirte 
qué color veía en ti.

Diría que te mezclabas 
entre el rojo aterciopelado de tus labios
y el azul de una noche 
al filo del mar.

Recorro recuerdos lejanos y busco
de nuevo
el color de tus besos,
de tus abrazos 
y de todos los suspiros
que interrumpieron los orgasmos.

Estallan 
en diminutas motitas plateadas y azules
y caen para mojarnos en este abrazo
que no termina.

Aprendí,
gracias a ti,
a ver los colores primero
y dejar para luego
todo lo demás.

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Café y chocolate

Me estremecen tus parpadeos lentos,
el diminuto hueco que dejas entre tus labios
cuando posas la mirada en los míos
y el dulce perfume de tu pelo sobre mi piel.

Abrazarte, 
así tumbados, 
sobre la cama
es como abrazar mil flores.

Y besarte,
lento,
es tan tierno
como esa onza de chocolate
que siempre dejas flotar 
en la espuma del café.

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Música

Hoy el cielo cubre de negro
cada palmo de abismo 
que se abre sobre mi cabeza.

Como tus ojos, 
me atrapa, me enamora…

Tengo que confesarte
que me enamoré,
perdidamente,
de tu voz
antes de poder ver el brillo de tu mirada.

Y llueve.

El tintineo de la lluvia me lleva,
acribillado a besos diminutos en la piel,
a recordar la música que escapa de tus labios
cuando susurras ven
a un beso de distancia de mi cuello.

Me distraes
y me llevas a casa con el desconcierto
de no saber cómo he llegado.

¿Sabes? 
Creo que nunca supe decirte
te quiero
por miedo a que tú sintieses lo mismo.

Por eso,
me dejo llevar por la melodía que esconden
estas tímidas palabras
y tarareo una canción que no conozco
y susurro tu nombre
y me enciendo 
con el recuerdo de tu calor intangible,
para quedarme con el sabor a noches en vela
que me dejaban tus besos.

Me faltaban las palabras, y me faltan,
en este constante silencio que enmascara
la dulce música de tu recuerdo.

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Tu voz

Me desconcierta tu voz
cuando, de improviso,
se cuela en mi cabeza y me habla
de ti y de mí, de los dos.

Se me da muy mal fingir.

Y es que siento que todo está de más
cuando te echo de menos.

Quiero
comerte la boca,
terminar cada ensueño en tus labios,
desnudar tu cuerpo
y recorrer a besos 
cada pedacito de ti.

Quiero
llevarte en brazos
por las infinitas aventuras que encierran mis cuentos.

Y quiero
que todas mis letras tengan tu voz.
Y que griten, y te digan
que lo único que quiero es amarte
lo justo
para quererte toda mi vida.

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Nunca se me ha dado bien echarte de menos

Caminar bajo la lluvia me trae 
una extraña sensación de nostalgia y ternura.

Me es inevitable pensar en ti
cuando las pequeñas gotitas golpean mi rostro
y resbalan sobre mi piel 
como lo hacían tus besos.
Hasta mi música suena distinta
si la escucho pensando en ti.

Nunca se me ha dado bien echarte de menos.

No puedo verme ahora 
pero
sería bonito mirarme desde fuera
para verme con la mirada perdida
silbando una canción 
o tarareando una letra que no conozco
mientras pienso en ti.

Me perturba la idea
de no controlar por qué lo hago
o qué me lleva a ello. 
Pero pensarlo…

Si lo pienso, destruyo 
todo cuanto soy ahora mismo.

Nunca se me ha dado bien echarte de menos.

Sabes
que disimulo muy mal las sonrisas 
cuando no te tengo 
y que me falta el aire si estás lejos.

Si me dejo llevar y silbo,
y tarareo
e improviso un estribillo nombrándote en estas letras…
Si lo hago, 
apareces tú
en mi cabeza, cantando la canción
desnuda entre mis manos
o callándome con un beso.

Y después,
me tiembla el corazón cuando susurras que me quieres,
cuando me llevas
de la mano
a este estado de sobrelocura infinita.

Es por eso
que nunca se me ha dado bien
echarte de menos.

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Recuerdos inventados

Hoy he vuelto,
solo,
a aquella madrugada
en la que una estrella sobrevoló, fugaz,
nuestras cabezas
dejando su estela sobre ti,
un corazón desbordado en mi pecho
y un beso a punto de escapar de mis labios
que nunca te di.

Tiemblo 
cada vez que recuerdo esa noche.
Y sonrío.
Triste, pero sonrío al recordarlo.

Y abandonado,
al silencio eterno del recuerdo,
intento sumergirme en unos sueños
que quizá no recuerde
pero que me llevarán lejos de todo cuanto añoro.

Me hablas, 
justo al borde de la conciencia.
Susurras letras de canciones improvisadas,
frases completas que carecen de sentido,
versos lentos
que algún día recité en tu oído.
Y te cuelas en mi cabeza negándote a salir.

Me llevas, 
cogido de la mano,
por estos mundos oníricos que creas solo para mí.
Me arrastras contigo
a disfrutar del placer de tu piel sobre la mía,
a sumergirme en los eternos suspiros tras tus gemidos
entre sábanas blancas
y a contemplar el sin fin de colores
que estallan en tus pupilas cuando nos corremos.

Despierto, sobresaltado,
con recuerdos que se evaporan y 
se reemplazan por los nuestros,
con el sabor de tu cuerpo en mi boca
y con la percepción de un perfume 
que no puedo describir
pero que huele a ti.

Y al final,
siempre me sorprendo frente al espejo
echando de menos tus ojos y sonriendo,
triste, pero sonriendo,
porque mis recuerdos son mejores
si estás en ellos.

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Ojalá pudiera

Ojalá pudiera recordar
tu voz,
el brillo de tus ojos
y el sabor de tus labios 
en un beso cualquiera.

Desearía poder sentir tu piel
sobre la mía
una vez más,
cualquiera de las canciones
que callabas
y se perdían en una melodía suave.

Ojalá pudiera sentir
tu pelo
enredándose entre mis dedos.

Y
aunque me vea,
a veces,
recordando cómo olvidarte,
ojalá no pueda hacerlo. 

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El poema más bonito del mundo

Llevaba años
persiguiendo la quimera
de escribir el poema más bonito del mundo
y…
Te encuentro a ti.

Cuando me miras,
cuando sonríes,
en cada abrazo,
sobre cada uno de tus pasos
y en tu voz.

Cuando me desnudas
y te desnudo,
cuando nos rendimos
a las caricias de tu piel
sobre la mía.
Y en cada beso
que me derrite.

Llevaba años
buscándolo más allá de ti
cuando, en realidad,
el poema (mi poema)
más bonito del mundo
eres Tú.

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Cuántico

Esta noche el cielo se oscurece conforme pasan las horas.

Se evapora su luz plateada
como bruma que se disipa sobre el mar,
las diminutas motas lejanas de luz incandescente
se encogen, asustadas,
y dejan de emitir ese titileo constante que ponía música al firmamento.

Un estruendo lo ilumina todo
y hace vibrar el pasado en mi pecho.
Diluye tu voz en el viento
y me hace creer que me llamas.

Se quiebra el cielo sobre mis ojos
y cae bañando todo cuando pisan mis pies.

El fino polvo sideral lo cubre todo
absorbe los colores
de las cosas
y los torna negros.

Silencio.

Vuelve a iluminarse el cielo.
Un rayo, quizás, haya rasgado la montaña.

Vuelvo a escuchar una voz
pero no es la tuya.
Ahora pienso que tampoco lo ha sido nunca.

Silencio.