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Luz cegadora

Puede que pase el tiempo,
sientas que faltan mis palabras
y creas que el silencio ha sepultado todo cuanto fuimos.

La música seguirá dibujando
esa imagen que tenía de ti
aunque deje esta extraña sensación de vacío.

Créeme
no habrá luz que me ciegue
borrando todo de pronto
ni dejaré que el olvido
se lleve ningún recuerdo tuyo.

Una tarde en el recuerdo

Me detengo
y susurro al viento tu nombre.

Recuerdo cuando hacíamos este camino
juntos
y el eco de tus pasos
persigue a los míos.

Silba el viento entre hojas
de cobre y azul
como si respondiese palabras etéreas
a ese nombre que se me escapa.

Y huye el sol
tras nubes lejanas
bañando de oro viejo
las copas más altas.

Los árboles proyectan sus sombras
sobre este atardecer que nunca acaba.

Siento tu mano
agarrar fuerte la mía
y tu perfume se desvanece
con este recuerdo fugaz
justo en el momento
en el que se desdibuja la luna.


Fotografía de James Rhodes.

Fuegos artificiales

El destello y el color se reflejaba en tu rostro y dejaba un brillo pasajero en unos ojos que apenas parpadeaban.
El estruendo posterior nos hacía vibrar, a la vez, y se acababa apagando en nuestro pecho.

Aquella noche, la luz de los fuegos artificiales brillaba más hermosa en tus ojos que en el cielo.

Aún dormía cuando
llamaste a mi puerta.
No esperaba a nadie,
no tenía por qué esperar.

Abrí,
aún con el sueño 
en mis ojos.

Quedé paralizado
por tu mirada.
Mi corazón latía
con fuerza,
desbocado por tu sonrisa.

Ese brillo en tus ojos
me hacía sentir único.

Separados por una barrera
invisible,
inexistente
formada por una puerta
que ya no estaba.


entraste en mi casa
y en mi vida.

Recuerdos inventados

Hoy he vuelto,
solo,
a aquella madrugada
en la que una estrella sobrevoló, fugaz,
nuestras cabezas
dejando su estela sobre ti,
un corazón desbordado en mi pecho
y un beso a punto de escapar de mis labios
que nunca te di.

Tiemblo 
cada vez que recuerdo esa noche.
Y sonrío.
Triste, pero sonrío al recordarlo.

Y abandonado,
al silencio eterno del recuerdo,
intento sumergirme en unos sueños
que quizá no recuerde
pero que me llevarán lejos de todo cuanto añoro.

Me hablas, 
justo al borde de la conciencia.
Susurras letras de canciones improvisadas,
frases completas que carecen de sentido,
versos lentos
que algún día recité en tu oído.
Y te cuelas en mi cabeza negándote a salir.

Me llevas, 
cogido de la mano,
por estos mundos oníricos que creas solo para mí.
Me arrastras contigo
a disfrutar del placer de tu piel sobre la mía,
a sumergirme en los eternos suspiros tras tus gemidos
entre sábanas blancas
y a contemplar el sin fin de colores
que estallan en tus pupilas cuando nos corremos.

Despierto, sobresaltado,
con recuerdos que se evaporan y 
se reemplazan por los nuestros,
con el sabor de tu cuerpo en mi boca
y con la percepción de un perfume 
que no puedo describir
pero que huele a ti.

Y al final,
siempre me sorprendo frente al espejo
echando de menos tus ojos y sonriendo,
triste, pero sonriendo,
porque mis recuerdos son mejores
si estás en ellos.